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Cultura teñida de sangre

Curiosa cultura moderna

Curiosa cultura moderna

Históricamente, los animales siempre han ido de la mano de otro tipo de animales: los humanos, los llamados ‘cultos’ e ‘inteligentes’. Los han acompañado, han servido de comida, de festejo, de herramienta de trabajo, de fuente de calor (¿Recordáis el cuento de Navidad, el de la vaca y el buey con un Jesús recién nacido bien arropado y calentito?). En los anales de la historia y dentro de una relación tan estrecha con ellos, surgió una fiesta un buen día muy particular. Hay cierta documentación histórica, correspondiente a los últimos días de decandencia del Imperio Romano en los que ya se ven toros en cierto tipo de festejos, ofreciendo violencia gratuita (no nos olvidemos de los gladiadores en la arena). La sangre siempre ha sido objeto de morbo para humanos sin mucha base racional. Parece ser que fue Julio César quien introdujo los toros de Hispania en el Coliseo de Roma. Ovidio describe que se utilizaba una tela roja para llamar la atención del animal para que lo embistiera y, posteriormente, lo mataba utilizando una espada y un escudo. Parece ser que un conocido ‘torero’ fue un tal Karpóforo. La mayoría de estos ‘luchadores’ eran los llamados ‘bestiarrii’, esclavos, ladrones, asesinos, condenados…. que tenían una oportunidad para resarcirse y lograr la ansiada libertad y respeto (otra vez nos viene a la cabeza el típico Gladiador Romano).

En los links al pie de este artículo podéis encontrar ésta y otras informaciones muy didácticas respecto al origen de nuestra ‘querida’ fiesta nacional, en los que veremos que, al contrario de lo que se piensa, el toro no es que sufra, es que adquiere una visión errónea al cabo de los siglos de lo que en realidad fue en un principio. A veces sufrimos de amnesia selectiva, en este y otros temas, y no nos damos cuenta que la realidad siempre fue otra. Hasta que surgió alguien con la palabra ‘tradición’ y un amigo suyo la completó con la otra ‘cultura’. Y así tenemos un binomio llamado ‘tradición cultural’ que, lejos de ser lo que en realidad es, se nos vende como algo que hay que protejer porque sino ‘perdemos nuestros orígenes y parte de nuestra ‘cultura histórica’.

Se suele incurrir en demagogia cada vez que se habla de este tema, diciendo cosas al estilo: -’¿Y tú no comes

Objetos de placer

Objetos de placer

carne roja? ¿Y las guerras del África, no se han de erradicar?’- Y un sinfín de comentarios demagogos que intentan (sin demasiado éxito) justificar la fiesta en cuestión. Los defensores de ‘los toros’ argumentan sin cesar que hay cosas más importantes por las que luchar y que ‘hay que dejar en paz a los aficionados a los toros porque sin ellos podemos perder una fiesta intrínseca a nuestros orígenes’.

Esos mismos defensores también suelen hacer un comentario típico y curioso: el toro no sufre. No, no sufre, lo habéis oído bien. Esas imágenes de un toro agonizando, vomitando sangre por el morro, con todo el lomo ensangrentado y brillante, agotado y mareado no corresponden a un toro que sufre: está disfrutando como un enano, el bicho. ¡Le encanta que el torero lo vaya mareando con el capote! ¡Se corre de gusto cada vez que le clavan una banderilla! Y, al final… el orgasmo definitivo cuando, el valiente torero, con su larga espada, le da el estoque

Fijaos qué bien se lo pasa

Fijaos qué bien se lo pasa

final, clavándole el metal hasta el corazón. No me extraña que ese último momento le guste: a partir de ahí ya descansa en paz. Eso si el torero es diestro, porque si falla la agonía se puede demorar unos eternos minutos más… pero no sufre, recordad esto.

Otro tema curioso es la opacidad de los datos económicos del toreo. No se sabe a ciencia cierta cuánto se gasta el Estado Español en el fomento del toreo y le perpetuidad de ‘la fiesta’, pero en unas investigaciones recientes se estimó en muchos millones de euros la inversión del Gobierno para mantener vivo el toreo y a todos los que viven de él, que son unos cuantos parece ser. Instituciones ‘culturales’, personajes anónimos y no tan anónimos, asociaciones, todos luchan para mantener viva una fiesta imperturbable, parece ser. Este estudio, del cual no he encontrado datos (curioso) salió a la luz hace un par de años y, en una emisora de radio, salieron a la palestra unos datos que, gracias a mi mala memoria no es posible recordar con exactitud, pero entre otras cosas se afirmaba que el déficit generado por las corridas de toros era sufragado con creces por el Estado, manteniendo en secreto los números y evitando por todos los medios que nadie pudiera meter las narices en ese tema. No he vuelto a oír hablar de ese grupo de investigación, si alguien tuviera alguna referencia podría incluir un comentario y yo lo haría público.

Siendo español como soy y sintiéndome catalán como me siento se me revuelve el estómago cada vez que viajo al extranjero y me identifican con esa fiesta. -’¡Ah! ¡Egspania, Togos!’- No, disculpe, toros no: jotas, sardanas, ‘pantomaca’, fabada asturiana, ‘castellers’…. pero no sólo toros, caballero. Tengamos la fiesta en paz. Sentirse o no identificado con esa fiesta es un tema ya, creo, particular de cada uno; pero que en Europa, aun a día de hoy, con toda la obra cultural y social de calidad que se está haciendo nos identifiquen con la imagen de Osborne mirando al horizonte le da ganas a uno de sentirse cualquier cosa… menos lo que dicen que uno es. Y disculpen algunos si les ofendo, pero muchos no nos sentimos identificados con eso, creo que la inmensa mayoría. Y la España profunda (igual que muchas otras cosas) ha de dar paso a una cultura real, sociable y civilizada y respetuosa con todo tipo de formas de vida, sean las que sean. Disfrutar de un animal vivo y ensangrentado comiéndose un bocadillo no me trae a la cabeza la palabra ‘cultura’, lo siento pero es así.

Me quedo con una estupenda frase perteneciente a un artículo abajo citado: ‘En definitiva, como afirmó Manuel Vicent, si el toreo es cultura, el canibalismo es gastronomía’.

Referencias:

http://ecuador.indymedia.org/es/2005/03/8251.shtml

http://www.altarriba.org/corridas-de-toros/la-corrida.htm

Barcelona, ciudad sin coches

Son las 10 de la mañana. Paco, autónomo desde los 25 años y con bastantes canas en la testa hace diez minutos que está buscando aparcamiento en Gràcia para una reparación de aire acondicionado, sector en el que hace años que trabaja con más o menos fortuna. Por fin encuentra un ‘forat’ en la excelente zona azul barcelonesa y aparca el coche de forma adecuada. Hoy ha tenido suerte y eso que es viernes. No sabe bien qué pasa los viernes pero la gente está diferente, hay más coches y todo el mundo tiene más prisa. El expendedor de tickets está a una calle y hacia allá se dirige pensando en el dinero que va a poner. ¿Dos euros? ¿Un euro y medio? No, mejor dos. Luego bajaré y ampliaré la ‘oferta’ si hace falta.

A las 11′30 h. de la mañana baja corriendo a poner 1 euro más. El ticket ya estaba fuera de tiempo por poco y hoy ha tenido otra vez suerte por segunda vez, el ‘vigilante de la acera’ no está acechando y no lo han multado. Introduce la moneda y regresa a terminar el trabajo. Luego tendrá que irse a buscar material a su proveedor habitual en el centro de la ciudad Condal, así que acelera y vete corriendo que casi es mediodía.

A las 12′45 h. regresa jadeando a la furgoneta pensando ya en la multa. Se ha retrasado, la clienta le ha empezado a hacer preguntas y lo ha entretenido demasiado. Paco suele deshacerse en explicaciones, de ahí que siempre deje a sus clientes tranquilos y satisfechos; es una garantía de un trabajo bien terminado. El papel amarillo está allí, impoluto, ‘fuera de tiempo’ reza. ‘¡Me cagüen d…. s!!’ Anular la multa le supone 10 euros más, con lo que ya son 13 de gasto los que lleva hoy. Mal número y eso que Paco no es supersticioso. Ya está empezando a pensar que el día no le ha salido tan económico.

Coge la furgoneta refunfuñando y se dirige a su proveedor, situado en la hermosa calle Sepúlveda, a la altura de Provenza, un lugar para depredadores motorísticos y urbanos de mala leche. ‘Mejor lo dejo en el parking’, piensa Paco. Y así lo hace, un Saba bien majo con unas lineas bien pintadas y pago por minutos.

En su proveedor parece que se han reunido todos los autónomos del sector. Claro, hoy es viernes, vamos a terminar los trabajos y a ver si podemos descansar el fin de semana. Entre pitos, flautas y bandurrias se pasa hora y media hasta que, por fin, va a buscar la furgoneta para cargar todo el material. Tres euros y pico… ‘¿Pago por minutos? Se lo podrían meter en el …. ‘

Mientras va cargando el material, furgo en doble fila y conductores encorvatados con audis y bmw pitando como estúpidos en un gallinero se le acerca sigilosamente por detrás un enorme guardia urbano, un armario ropero con cara de pocos amigos. Automáticamente, saca la libreta y empieza a recriminarle la situación del coche en la calle. ‘A ver, agente: he dejado el coche en el parking porque bla, bla bla…. y ahora estoy cargando material y bla, bla, bla… como ud. comprenderá, sr. agente yo no puedo cargar todo esto y llevarlo al parking porque tal y cual…’

En fin, después de unos largos cinco minutos discutiendo, llega al tácito acuerdo de quitar el vehículo en un cuarto de hora, yendo muy rápido. Al final la broma se alarga media hora y entre claxons, berridos e insultos logra irse para volver al cliente y terminar de una vez con su trabajo.

Pero no nos acordábamos que los que no son autónomos necesitan tres horas para comer y ya son casi las dos, así que hay que ir a buscar un menú acorde con los tiempos y gastarse entre 8 y 10 euritos que, sumándolos a lo que llevamos desenvolsados, terminaremos con suerte con 30 €, añadiendo un par de zonas verdes y algún que otro posible café, que también tenemos derecho a tomárnoslo. Paco medita mientras llega a casa en qué estaría pensando el día que se decidió a ‘autonomizarse’.

La ciudad Condal desde la montaña de Montjuïch

La ciudad Condal desde la montaña de Montjuïch

Esta historia que parece exagerada es el pan de cada día de muchos técnicos, personal de mantenimiento, distribuidores, repartidores, etc. que trabajan (y muchos viven) en Barcelona y tienen que sufrir todas las consecuencias de llevar un contaminante (y contrario a lo políticamente correcto) coche o furgoneta que, además de ir en contra de la tónica establecida, es mal visto por estar siempre ‘molestando’ en la calzada o encima de la acera. Para terminarlo de rematar, las llamadas ‘barreras arquitectónicas’ lo son tanto para los minusválidos como para los que se tienen que mover (sí o sí) en vehículo de cuatro ruedas: calles cortadas, carril bici, calles peatonales, etc.

Barcelona, de un tiempo a esta parte, se ha visto profundamente modificada tanto en lo urbano como en lo social; la inmensa cantidad de gente que reside y trabaja junto con el exorbitante número de vehículos utilizados a diestro y siniestro para ‘ir a buscar el pan’ (luego entraremos con eso) no parece ser compatible con una visión de ciudad moderna y civilizada llena de peatones, sin vehículos ni polución. Es la visión ‘pija’ que algunos tienen de un lugar lleno de bicicletas y ‘Subs’ enormes conducidos por los que van a buscar el pastelito, van a hacer una visita o, simplemente se pasean regodeándose entre un mar de gente crispada.

Empezar por el tejado ha sido, parece ser, el tópico de un lugar cosmopolita lleno de oficinas y comercios. Diversos sectores sociales y económicos se han visto beneficiados de ciertas normativas internas de su ayuntamiento, pero por el contrario, ha habido otros sectores que, olvidados, están sufriendo en sus carnes la Barcelona ‘Bonita’ que muchos desean.

Queremos servicios, queremos que nos vengan a arreglar de inmediato ese aparato estropeado, queremos tener el nuevo piso rápidamente amueblado, lo queremos todo chulo y fácil y también queremos una ciudad sin coches, sin motos, vamos, sin vehículos a motor; porque contaminan, porque molestan y hacen ruido. Queremos ser europeos y, a la vez, cobrar como lo que somos pagando como ricos. Queremos electricidad pero odiamos al martillo neumático que realiza unas obras de mantenimiento. Somos ‘guapos’ y ‘guays’ de cara a la galería, pero en cambio multamos las cagadas de perro y permitimos que la propia guardia urbana se pasee delante de restaurantes del Port Vell llenándolo todo de kilos de heces que permanecen horas sin que nadie las limpie (no lo hará el jinete, eso sin duda). Lo queremos todo muy bonito y odiamos esas furgonetas que cruzan incesantemente la ciudad, sin embargo no hemos resuelto aun el problema del aparcamiento, muy al contrario, cada año que pasa nos lo ponen más difícil. Multamos al autónomo o trabajador que deja media hora el coche en doble fila (por todo lo que hemos comentado arriba), sin embargo hacemos caso omiso de las bicicletas que cruzan los semáforos en rojo y van sin seguro. Queremos palomitas cuando vamos al cine pero miramos mal al camión de reparto de las 9 de la mañana el lunes porque nos incordia con su ruido y con su humo.

¿Barcelona, ciudad sin coches? Es posible en un futuro. Pero sólo podrá hacerse realidad si re-organizamos todo el tinglado desde cero. Los trabajadores de la calle tienen tantos derechos como los peatones y jubilados que pasean por el parque. Nunca se han criticado tantas cosas como ahora, en el momento de mayor opulencia y servicios. Luego alguien se pregunta por qué empresas jóvenes cierran y se van fuera o, sin ir más lejos, por qué muchos jóvenes emigran a otros lugares donde, además de ser todo más barato es más sencillo desplazarse de una manera u otra, ya sea por tu trabajo o la distancia.

Es cierto que hay mucha gente que podría ir en tren, pero también es cierto que hay mucha que, literalmente, no puede. Dile tú a una recién casada con su niña que vive en Vallirana que coja el ‘Soler i Sauret’, tres transportes públicos más en total y se vaya a trabajar, cada día a Badalona y luego vuelva de la misma manera por la tarde. ¿Cuánto tiempo hemos de invertir en ello cada día? Según cálculos no menos de 4 horas y media. ¿Cuántas horas se supone que nos quedan en una jornada laboral completa? ¿Debemos hacer la colada en el autobús? Quizás sería un buen negocio, una de esas ideas con futuro: autobuses con servicio de colada. Y eso que ya tenemos hecho en nuestro trayecto diario, ya que a las diez de la noche que llegamos a casa no tenemos ganas ni de ver la televisión.

Una bonita ciudad no está reñida con un equilibrio de las normativas y unas nuevas leyes encaminadas a facilitar a todo un maltratado sector su quehacer diario. Quizás nos gusten esos anuncios del anciano dándole de comer a las palomas en una calle vacía de coches (recordemos que está prohibido, por cierto) pero la realidad barcelonesa es muy distinta. Si desde un principio hubiéramos facilitado aparcamientos, subvenciones para cierto tipo de trabajadores mediante tarjetas de aparcamiento, leyes más claras y menos ambiguas para el cómputo de cálculo por minutos de algunos parkings (yo es que me parto de risa con eso) y un largo etcétetera, quizás ahora en Bcn se trabajaría más a gusto y los servicios serían más rápidos y menos caros.

Eso sí, el Bicing pega fuerte, la demanda es evidente. Pero con una bicicleta no podemos transportar el pan al bar o el aire acondicionado de una punta a otra de la ciudad. Digamos que está limitado a un sector concreto de la ciudad, un sector que sí, estaba ciertamente necesitado.

Alguien se preguntará por qué el equilibrio bicicleta/transeúntes/coches funciona en otras ciudades europeas y aquí no. Habría que ver también qué tipo de cultura tienen. A veces nos comparamos demasiado con el atún noruego y no vemos que también existe el hambre un poco más abajo de nosotros. No estamos tan mal, lo que está mal es la apariencia que queramos dar, una apariencia en contra de la lógica diaria.

Rs.

La unión de dos almas

Hace cuatro años, en medio de un marco político muy tenso, escribí algo acerca de uno de los mayores debates del momento. He querido recordarlo y exponerlo aquí, quizás nos haya dado a algunos una visión más amplia por todo lo ocurrido con posterioridad. Espero que os guste.

primer_matrimonio

11 de julio del 2005 fue una fecha importante para Emilio Menéndez y Carlos Barturín (noticia en enlace de imagen)

Corren tiempos de cambio y estos no siempre son agradables para todo el mundo; nunca llueve a gusto de todos y cuando nos mojamos pensamos en el paraguas que nos hemos dejado en el recibidor de casa. Y esto es lo que le está pasando a la mayoría de los que piensan que el sistema funciona y que todos deberían estar contentos. Nada más lejos de la realidad: hay muchas cosas que cambiar y podemos empezar por una o por todas a la vez, pero hemos de empezar algún día. Y eso da miedo.

Ultimamente hay un tema que trae de cabeza al sector más conservador de la sociedad. Es algo de lo que se habla en el trabajo, en casa, en familia, con amigos, hasta en el lavabo mientras se realiza algún acto que en teoría sólo se puede hacer en soledad pero que no siempre es así. Podría, en consecuencia, haber puesto cualquier otro título: matrimonio, pareja de hecho, rechazo al que es ‘diferente’, incluso, con cristalina claridad, la homosexualidad. Aunque, para variar, he intentado (y espero que conseguido) poner algo que haga referencia no al hecho diferencial en sí, sino a la evidencia del asunto; cuando dos personas se unen, sean del sexo que sean, crean un nuevo núcleo dentro de la sociedad. Claro que esta misma sociedad es la que los rechaza por no estar en reciprocidad con el sistema. En fin, siempre la misma cantinela.

Hablar del origen de la atracción de muchas personas por otras del mismo sexo es como intentar encontrar la habitación donde Dios hecha las siestas después del laborioso trabajo de crear mundos. No se sabe a ciencia cierta qué es lo que cambia, lo que diferencia un/a homosexual de mí, por ejemplo. Pero quiero destacar un ejemplo importante que espero sea seguido por muchos (y por lo que sé, empieza a ser, por suerte, algo habitual): mi heterosexualidad no me priva del entendimiento y aceptación de la otra y diferente realidad. Todo lo contrario: la comparto y disfruto cuando alguien que hasta ahora era rechazado es feliz viviendo su vida, sea de la forma que sea. El problema, por cierto, es que siempre vemos en ello la diferencia, cuando en absoluto es así. Estas personas no son diferentes: son iguales a nosotros, con los mismos gustos, nacidos de padre y madre e hijos de Dios (bueno, de la religión hablaremos otro día). No se diferencian en nada en absoluto. El único ‘problema’ son sus preferencias sexuales. Y aquí nos encontramos con la primera piedra del camino.

Si antes he comentado que no hablaríamos de religión, ahora me retracto tan sólo un poco para explicar una fábula; consiste en intentar comprender un poco la mitología de la sexualidad para aceptar que en cualquier ser humano puede haber un recuerdo o karma latente que lo oriente en un determinado sentido en la vida. Toda la vida en este mundo se perpetúa a través de ciertos mecanismos sexuales o de unión intrínseca entre especies. Si no fuera así, el simple hecho de nacer sería una utopía: no hay árbol sin semilla. Sociológicamente hablando, tendemos a la unión con el semejante para la creación del llamado núcleo familiar (sin entrar a hablar del tema, cosa que harán mucho mejor que yo los expertos, puedo decir que tal núcleo, papa, mama, niño, niña, no existe como tal; para empezar, yo mismo soy hijo único de padres separados y huérfano reciente, vamos, un bicho raro para nuestro feliz sistema). Tal núcleo puede formarse de muchas maneras, pero la principal y, por consiguiente, más natural desde el punto de vista de la vida como creación, se forma con dos componentes de sexos opuestos. Hasta aquí podemos entender que sin atracción no hay descendencia y sin descendencia no hay perpetuidad de la especie. Punto. Pero no está nada claro el tema.

Para empezar, los detractores de la unión entre parejas del mismo sexo se oponen argumentando que ésta perpetuidad no se dará, con lo cual la especie se extinguirá y, con carácter retroactivo, la familia (el perfecto y maravilloso núcleo familiar) se irá a hacer puñetas. Sin entrar a hablar de cuántas son, hoy por hoy, las familias rotas por innumerables conflictos y accidentes y que siguen vivitas y coleando sin problemas, podemos afirmar (ojo, que esto promete) que este argumento es una de las mayores falsedades nietas (no hijas, nietas) de tiempos en que la ignorancia y el poder eclesiástico hicieron tristemente mella en la gente. Esta ignorancia y falta de cohesión ha perdurado hasta ahora, dividiendo la sociedad en dos partes: los que atacan la unión entre dos personas sean del sexo que sean y los que están plenamente a favor (con la educación que les caracteriza, después de esto es posible que algún ‘consevadorcillo’ me ataque llamándome maricón o alguna sandez por el estilo).

Si hacemos caso de aquella teoría que afirma que el alma, el ser, no tiene sexo y la perdurabilidad de la especie tiene que darse con algún mecanismo sexual, es más, mecanismo de goze y placer para facilitar la unión y disfrute de la pareja para lograr el posterior embarazo, nos encontramos que, en el fondo, nadie tiene sexo; o, dicho de otra manera, todos somos hombres y mujeres al mismo tiempo. Como alguien dijo alguna vez, todos los hombres tenemos algo de gay y todas las mujeres algo de orientación lésbica. La expresión ‘media naranja’, sin comentarios acerca del programilla de marras, no es gratuita; tiene en su haber una verdad tan profunda que, por su sencillez, se nos escapa a la comprensión final del concepto. Hombre y mujer nos complementamos, ergo todos tenemos algo de la otra parte, una muesca, una señal, una pequeña ruedecilla que se acopla y nos completa sexual y personalmente. Si esa muesca la encontramos en el mismo sexo, ¿Qué nos puede importar el resultado final? La sociedad no se va a extinguir por eso, tranquilos. Antes lo hará por culpa de los intereses creados o la intolerancia de los amos del poder, manteniendo su honorable trasero acoplado perfectamente al sillón del control absoluto. Y que ninguna oveja se descarríe o le mandamos los perros para que den buena cuenta de ella.

Por consiguiente y llegados a un punto que entiendo sin retorno, es nuestra obligación aceptar la evidencia de los acontecimientos: nadie tiene que rasgarse las vestiduras cuando se habla de matrimonio entre gays o lesbianas ni tampoco ruborizarse cuando se habla abiertamente del tema. Por nuestra experiencia podemos afirmar que dentro de doscientos años esto nos traerá sin cuidado, porque habremos aceptado la realidad como es y nos ocuparemos de otros problemas diferentes a los actuales (espero no sin cierto exceso de optimismo). Pretender llevar ante los tribunales a una persona que escoge libremente un modo de vida es sinónimo de inquisición encubierta: ya nos cargamos a muchos por brujos. No creo que sea nada bueno seguir por el mismo camino.

Cuando dos almas se unen no importa lo que son ni de dónde vienen, sino adónde van. Y por la ‘R’, en el diccionario de la lengua española, aparece una palabra que a mucha gente se le olvida a menudo y que deberíamos tener más en cuenta cuando hay tanta gente unida por un mismo motivo: Respeto.

Rs.

Perros de Guerra

Recuerdo cuando mi abuela me contaba historias de la guerra civil española. Formaban parte todas ellas de un recuerdo colectivo de las gentes de aquella época, inmersas en un panorama desastroso y arropadas por el fantasma del hambre y el sentimiento de pérdida. Pérdida de gentes queridas y de identidad. La realidad social que se atravesaba en ese momento era un eco que se ha ido repitiendo demasiadas veces en todo el planeta. Aún así, el país renació y hoy se puede afirmar sin dudarlo que la situación ha mejorado ostensiblemente aun con algunos matices. Sin embargo, no hay que pintarlo todo tan bonito: es cierto que todos caminamos hacia un bien común, pero no hay que olvidar qué es todo lo que ha ocurrido hasta llegar aquí.

'El Rostro de la Guerra' - Salvador Dali

'El rostro de la Guerra' - Salvador Dalí

La pregunta que surge, de forma inevitable, es cuántas guerras harán falta para darnos cuenta de lo que está ocurriendo. De momento, pasando de puntillas por encima de innumerables conflictos en todo el mundo, llevamos dos grandes guerras con el sobrenombre de ‘mundiales’, como si nadie hubiera escapado al desastre. Salvando el comentario sí que es cierto que el adjetivo a utilizar para definir esta desgracia es desastre global. ¿Alguien ha visto Salvar al soldado Ryan? Supongo que son muchos los que en el cine se impresionaron y lloraron por la crudeza de las imágenes. Spielberg crea un ambiente nefasto, violento y, en todo caso, real con un ‘sólido’ y lacrimoso argumento. Matices aparte, la verdad es que la realidad supera la ficción. Señores, mi abuelo estuvo en Normandía. No hay comparación; ni siquiera con el surround y el dts de fondo, las imágenes se acercan ni por asomo a lo que en realidad ocurrió allí. Así que si alguien cree que una guerra son sólo balas y bombas tengo que decirle que está muy pero que muy equivocado. Algo así sólo puede contarse si se ha vivido y aún así, nunca se puede hacer llegar el mensaje de forma adecuada porque falta lo principal: los cinco sentidos. Y en un cine sólo intervienen dos: la vista y el oído. Por mucha imaginación que uno le ponga, nunca nadie de nuestra generación llegará a imaginar el olor, el hedor, la sangre, las vísceras, el amigo mutilado, la desolación, el calor, el frío, la tristeza, el dolor . . .

Estamos viviendo un momento de gloria, un oasis en medio del seco desierto, una época de abundancia. Pocos se atreven a admitir que usamos y abusamos de nuestra posición de primer mundo y mucho menos a recordar que una vez, no hace mucho, tuvimos que huir a buscarnos el pan y la libertad. Por desgracia, en la actualidad pocas cosas más que el dinero nos hacen felices. No nos damos cuenta de que, en medio de este estado somnoliento, confundidos por los medios de comunicación y cegados por las luces de la comodidad, nuestra memoria colectiva se remonta un par de miles de años y tan sólo unos ciento treinta en imágenes y soporte más o menos técnico. Por lo cual, obviamos lo evidente: que la humanidad está predestinada a la unión y mezcla de razas y que la inmigración es un fenómeno que no cumple las normas en la forma pero sí en el fondo. Y si alguien opina que eso es falso, no tiene más que recordar cuantos viven aún en Alemania y son del pueblo de al lado. Creo con sinceridad que el racismo es la repulsión a algo ajeno, al olor de comida extraño; es bueno recordar los guisos de nuestras madres, pero también es bueno aceptar que los demás también los recuerdan y no por eso son extraños.

La solución a conflictos como los de Irak no está en la utilización subversiva de la fuerza. Ni la cohesión entre gobiernos ni el diálogo están dando frutos evidentes, por lo que damos, sin rubor y complejos, la bienvenida a la guerra con el subtítulo de ‘pacificación’, aun cuando eso comporte la muerte de los desamparados. ¿Y quién no lo está? El otro día alguien me preguntaba por qué los alienígenas, en el supuesto de que existan, no venían y se mostraban como son. Bueno, si yo fuera de otro lugar y llegara al planeta tierra, me daría la vuelta con sólo asomarme a un par o tres países desahuciados. Y si me pasara por las Naciones Unidas me sorprendería la ‘capacidad’ de solución a problemas de esta raza autodenominada inteligente. Y como somos racistas por naturaleza, el hecho de ser ‘superiores’ nos pondría en una incómoda posición difícil de reparar; por lo cual, para evitar daños mayores, hemos decidido por unanimidad pasarnos dentro de mil años a ver si las aguas se han calmado.

A veces me pregunto si hemos entendido una puñetera palabra de todo lo que se ha escrito acerca de cargarnos al semejante por diferencia de raza, sexo, religión; o petróleo. Me lo pregunto porque parece ser que hay gente que esgrime la espada de la justicia mientras esconde la mano de la violencia gratuita. No es lógico plantearse un problema a la tremenda mientras eso provoque todo un ejército de zombies destinados a morder y desgarrar para después volver a reconstruir lo desahuciado. Olvidamos que en ciertos países la situación viene dada por nuestra avaricia, por querer coger aquello que no es nuestro y recriminar después los muertos del terror. El hambre no se soluciona con un pez sino entregando la caña y el anzuelo y enseñando a pescar. Las dictaduras no se eliminan a base de bombazos sino evitando fomentar el eterno binomio represión-poder. Hace ya muchos años que en un buen puñado de países se podrían haber solucionado otro buen puñado de problemas; los intereses creados en general han logrado lo que dos guerras mundiales no hicieron en su momento: la división del mundo. Pero mientras tanto observaremos y opinaremos sentados en el sillón de nuestro bonito piso, entre la calidez de los nuestros y nuestro eterno cinismo.

Antes de juzgar hechos aislados hemos de ver el desierto desde arriba; entonces nos daremos cuenta, y sólo entonces, de que nuestro oasis particular es un pequeño punto azul en una gran extensión de pobreza. Buscarle tres pies al gato puede reportarle beneficios al que no tiene nada mejor que hacer, pero el sentimiento de impotencia de los que creemos en la comprensión y la globalidad (que no globalización) es tan grande que quizá tendemos a veces a dejarnos llevar por la pasión y lanzar granadas imaginarias a quien no se lo merece del todo. Pero todos sabemos que justos pagan por pecadores. Un día tuve el placer de leer un reportaje que se titulaba ‘Hojas de un mismo árbol’. Todos formamos parte de un todo y tenemos una riqueza individual que es necesario que la compartamos con los demás, aún a costa de perder la imagen que algunos predican de ‘colonia de hormigas’. Por desgracia, sin saber a que nos atenemos y desconociendo el alcance de nuestra actitud, son muchos los que actúan como Perros de Guerra, manifestando consignas violentas y dando razón a la inutilidad militar. En el país de los ciegos, el tuerto es el rey; en nuestra sociedad, es el que más armas dispara.

Rs.

Hipocresía en forma de arte

Si Miguel Ángel levantara la cabeza y viera el pollo que se ha montado por la creación artística de la cúpula de la Sede de las Naciones Unidas se preguntaría, seguramente, qué hubiera ocurrido si, en la época en que ideó su gran obra, hubiera existido un grupo de gente y políticos con suficiente poder como para vetar al artífice de tal gasto social en un entorno público lleno de hambre, pobreza y penurias.

Durante el proceso tuvo que cubrirse toda la sede con un entarimado especial.

Durante el proceso tuvo que cubrirse toda la sede con un entarimado especial.

El debate que se ha abierto en torno a los últimos acontecimientos propiciados por el artista Miquel Barceló (¿De dónde es? como diría uno… ) han levantado una polvareda mediática que muchos creen no tiene razón de ser. Los medios de comunicación han hecho cola para decir la suya y los contrarios a los idearios del partido (en forma de Ministro de Asuntos Exteriores) han vuelto a desenpolvar la artillería pesada para arremeter en contra de lo que, dicen, es un ultraje a la lógica del uso del dinero público destinado a fines humanitarios. De hecho, ya han salido ordas de mentes calculadoras contabilizando cuántos pozos de extracción de agua podrían haberse hecho, cuánta ropa, etc.

El Sr. Gonzalo Robles, portavoz del PP en Cooperación Internacional, ha pedido explicaciones por el destino de ese dinero en medio del debate de presupuestos del 2009, argumentando que con esa suma podrían haberse enviado miles de vacunas contra la gripe y otras enfermedades a África, tildando de ‘inmoral’ y ‘bochornoso’ el hecho en cuestión.

¿De verdad es tan importante el dinero gastado en ésta obra para que, los mismos que están a favor de otras cuestiones de dudosa acometida, tengan la falta de vergüenza de tildarla de ‘bochornosa? Si quieren, podemos hacer un repaso a todos los gastos inútiles habidos y por haber en el mundo o, si me permiten, aquí en nuestra casa, para equilibrar la balanza o, para sorpresa de algunos inclinarla hacia el lado contrario. La lista de cuestiones pendientes y ‘bochornosas’ podría ser tan larga que está de más, creo yo, ponernos a la misma altura que otros para fines distintos de los suyos.

Porque, no nos equivoquemos, si alguien duda que ésto es una maniobra política más para desacreditar y erosionar ‘al contrario’ que se lo haga mirar. Podemos estar de acuerdo o no en que se hagan cierto tipo de obras, podemos discrepar de la decisión interna de algunos políticos que deciden incluir cierta tecnología en su coche oficial ‘porque es un gasto innecesario y estamos en crisis’. Pero de ahí a pedir explicaciones a un Moratinos perplejo e indignado por la reacción de algunos va un mundo. Algunos nos preguntamos cuándo debatiremos de verdad cuestiones importantes para muchos de forma civilizada sin lanzar granadas a diestro y siniestro y dejaremos a un lado la hipocresía que, por mucho que nos pese, a todos nos afecta en mayor o menor grado. Y es que somos humanos, no lo olvidemos.

¿Alguien se ha preguntado, cómo he escuchado hoy por la radio, qué hubiera ocurrido si Defensa hubiera anunciado la inversión de una cantidad parecida en carros de combate Panther? Seguramente a ningún miembro del PP se le hubiera ocurrido empezar a hacer cálculos aritméticos. Y a los responsables de Intermón se les hubiera hecho caso omiso, como siempre. ¿Hemos hecho ésta reflexión? ¿Hemos tenido en cuenta todo el dinero que muchas Instituciones que no vamos a nombrar tienen en sus arcas y no lo invierten en paliar el hambre y la ignorancia cultural de muchos países?

No, creemos que esa reflexión aun está muy lejos de hacerse. En realidad creo que es una reflexión vana. Lo que prima es el ataque, la erosión, desviar la atención y utilizar ciertos medios para machacar al contrario, al precio que sea. Ya lo hemos vivido en un pasado inmediato e ilusos seríamos si no supiéramos que vamos a vivirlo de nuevo, de hecho nunca han dejado de hacerlo, en mayor o menor medida.

No es que me atraiga mucho cierto tipo de arte, sobretodo cuando no lo entiendo. Pero lo que sí sé es que el Sr. Miquel Barceló no pensaba en vacunas cuando estaba realizando su obra. Pensaba, seguramente, en dar color a una sede ya de por sí gris, apagada y medio amuermada por rancios poderes políticos. Si dar color y luz a la vida significa ponerse en contra de ciertos sectores, seamos embajadores del arte y lo que haga falta. Creo que se necesita vida y otro tipo de sentimientos y que una cúpula con esa recreación artística no le hará daño alguno, ni a la Sede ni a los niños africanos. Puede que con el tiempo algunos de ellos vean en ella un símbolo de paz y prosperidad.

Lo que de verdad les está haciendo daño a esos niños son los turbios y oscuros negocios que los países que representan a Naciones Unidas tienen en ciertas partes del mundo. ¡Ah! Pero ahí con el Clero hemos topado… hay ciertos temas que mejor no tocarlos, ¿Verdad?

Pura y dura hipocresía.

Rs.

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Vista Frontal y posterior de la Storm

Mucha tinta ha corrido desde que Apple sacara al mercado su buque insignia en móviles, el tan anhelado iPhone. Desde que la marca de la manzana lo pusiera a la venta y salieran los primeros elogios del artilugio, muchos fabricantes se han puesto las pilas para no perder lo que parece que va a ser la nueva tónica en el mercado de celulares: las pantallas táctiles integradas.

Para los ’sibaritas’ de Blackberry éste puede ser un momento crucial de re-interpretación del diseño tradicional de la marca, ya que hasta ahora lo que había identificado a este tipo de celulares era, precisamente, su teclado ‘querty’ basado en una escritura inteligente y su esfera de navegación que tantas alegrías han dado a sus usuarios.

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Tanto en vertical como en horizontal. Ideal para escritura de teclado.

Prescindir de esos signos de diseño ciertamente identificativos ha sido una apuesta arriesgada por parte de la marca, siendo el Storm uno de los primeros móviles, además, con un nuevo sistema háptico de tecleo en pantalla, es decir y para los mundanos, la misma tecnología táctil responde a la presión de la ‘tecla’ con un pequeño impulso vibratorio produciendo una sensación de realidad a la hora de escribir cualquier signo o palabra. Según críticas del sector, se ha llegado a afirmar que éste tipo de pantalla iguala y supera en concepto y uso a la de su más directo competidor de Apple. Será cuestión de probarlo.

Incluye además una nueva cámara de 3 megapíxeles, aumentando algo la resolución de las anteriores, que nunca se han caracterizado por ser nada del otro mundo. Su diseño es elegante y compacto, lo más parecido a una PDA pero con unas funciones de correo (hasta gestión de 10 cuentas), programas de edición de oficina y gráficos más avanzados y acorde con la técnica actual. El software incluido ha sido desarrollado por Roxio, con lo cual tenemos asegurada la continuidad de la estabilidad operativa.

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Un diseño elegante, sin duda.

Otro de los detalles (muchos son y abajo os pongo algunos links interesantes) es el concepto horizontal-vertical en la escritura o visualización de imágenes, algo que el iPhone ya lo traía ‘puesto’ y que aquí tampoco se ha omitido.

La Blackberry de RIM llevará en EEUU conectividad EV-Do y podrá ser usado en todo el mundo.

Vodafone es el operador que, de momento, se lleva el gato al agua, con un contrato de exclusividad de mercado y unos precios escalados típicos de gasto y contrato.

Bien, pues para finalizar la breve descripción, deciros que su precio (en Vodafone) se anota claramente en este escalado:

Precios de la Storm Vodafone

Precios de la Storm Vodafone

Aquí os dejo unos enlaces muy interesantes para que profundicéis en la nueva creación de BB:

http://www.xatakamovil.com/2008/09/23-especificaciones-oficiales-de-la-blackberry-storm-9530

http://www.celularis.com/blackberry/blackberry-storm-nuevas-imagenes-ahora-de-vodafone.php

http://www.canalpda.com/2008/10/08/7839-vodafone+lanza+exclusiva+nuevo+blackberry+storm

Rs.

Convección vertical, julio de 2006 - Montserrat

Convección vertical, julio de 2006 - Montserrat

A los quince años sueles plantearte la vida de otra manera. La prudencia (¿eso que es?) brilla por su ausencia en una etapa de la vida en la que las protagonistas son las hormonas, las páginas centrales de la revista Playboy y aficiones esporádicas que vas adquiriendo a medida que tu intelecto va interpretando los estímulos externos de forma adecuada (esta frase es fiel reflejo de mi fastuosa virtud para crear errores, desgranarlos y arreglarlos, que quede claro, de psicólogo nada, de especialista en ‘vamos a ver cómo arreglamos esto…’ lo que queráis).

Y eso fue más o menos lo que pasó un feliz sábado de finales de agosto por allá en el 87 a eso de las seis de la tarde, una tarde magnífica, la verdad, soleada, con algún cumulete perdido aquí y allá, cielo azul brillante, el bosque como una esmeralda… la majestuosidad de los veranos de montaña se presenta en todo su esplendor hacia el final de la tarde, cuando las últimas luces del día salpican de color naranja todos los rincones de la tierra que te rodea, dándote inspiración y melancolía, con un regusto amargo y una pequeña angustia al saber que la estación está llegando a su fin, que pronto vendrá la rutina y ese fenómeno se terminará para dar paso a otro clima, a otros colores, a otra vida…

Sumido en esos pensamientos estaba cuando me percaté de una profunda negror viniendo del noreste, con una rapidez que me dejó pasmado. Ni corto ni perezoso, quitándome de encima la somnolencia del sol de la tarde, me dispuse a coger ‘el hierro’ y acercarme lo máximo posible a la belleza que se me acercaba rápida y enorme. Oí a mi abuela que decía que iba a llover, que no cogiera la moto. ¡Coño, claro que va a llover, vaya pregunta! Precisamente eso era lo que buscaba: un buen chaparrón, una tormenta digna de apreciar en todas sus formas, el descalabro total del raciocinio… ¡A la mierda la prudencia, venga, arriba, al monte como las cabras! Dicho y hecho, cogí el hierro, le quité la ‘U’ y raudo salí dirección Cervelló, por el camino de carro, tal como lo llamábamos. Otro adjetivo era la ‘Cruz Roja’, en honor a un puesto que hacía muchos años había estado por allí. O ‘Les Caballerisses’, porque también habían dado cobijo a los caballos de los viajantes en sus rutas del Baix Llobregat de los siglos XVII y posteriores, como puestos estratégicos. Me daba un nosequé en el estómago cada vez que pensaba en toda la historia que había en cada piedra al lado de mi casa.

Como ya habréis podido adivinar, ‘el hierro’ era mi moto, una ‘DR-Big 50 cc.’, un pedazo de máquina, casi tan dura como mi cabeza y fuerte y grande como mi… bien, muy fuerte y grande. Mis amigos la habían apodado ‘el hierro’ a raíz de un desmontaje y petroleado en mitad de la calzada una de esas otras tardes de verano. Parecía desnuda, la pobre, sin su carenado (tenía más carenado que una 600, estoy seguro), sin su depósito, su asiento… en fin, en pelotas la dejé, hasta tenía el carburador quitado para limpiarlo, un fantástico 16 ‘De l’Orto’ que me permitía alcanzar desarrollos increíbles para mi corta experiencia motera. O posibilidades moteras, mejor dicho. ¿Qué, cómo va el hierro? Bien, coño, bien, zumbando como siempre… ¡GRRRUMMMM, GRRRUUUUUUMMMMMM! Ruidaco que metía, el bicho, con su tubo ‘Kit Yasuni’.

Total, zumbando y volando me dirigí al lugar más cercano que me pudiera dar una buena vista del mejor acontecimiento semanal. Cuando llegué eran casi las siete. Estaba en un lugar situado entre la última Urbanización de Cervelló (tristemente famosa por su gran incendio de los ochenta donde se llegaron a quemar algunas casas) y El Mirador, en un recobeco en medio de un pinar que ofrece una vista preciosa de todo el valle que comporta Vallirana, desde ‘Elgorriaga’ hasta casi más allá de ‘Les Casetes’, donde una vez conocí a una mujer… bueno eso fue unos años más tarde. Siguiendo por un pequeño sendero serpenteante que baja a un pequeño montículo natural me dirigí a un asiento formado por una roca calcárea y arcillosa de gran tamaño que algún gigante debió poner ahí y me senté, esperando los acontecimientos.

Dicho y hecho… ¡BRRRROOOOUUUUUUUUMMMMMMMMMnnnnnnngmmmmGGRRRAAAAANNNNG! ¡Toma trueno! El caso es que, absorto en tomar posiciones no vi el rayo y me pegué tal susto que casi me caigo barranco abajo. Hubiera sido otra muesca en mi currículum de hostias y batacazos. La luz casi ni siquiera asomaba tímidamente por los lados de mi visión; encima de mi abundante cabellera (aunque no os lo creáis, disfruté muchos años de una buena y abundante melena bajo mi condición de ‘heavy hasta la muerte’) la zona más baja del enorme cumulonimbus (Capillatus diría yo aunque en ese momento no lo sabía) ofrecía un aspecto verdaderamente sobrecogedor, casi de un color de ultratumba. Los gases se movían, inquietos, formando y reformado su panza, amenazantes, oscuros y densos como el oro negro. Sin dejar de cerrar la boca vi el rayo y esperé impaciente… uno… dos…. ¡BAATTAAAAMMM! Otro más, cerca, fuerte, retumbante. Gotas gruesas empezaron a caer y fue en ese momento cuando me pregunté qué narices hacía yo allí y por qué no estaba en casa de alguien jugando al ordenador o viendo revistas, coño. Mientras me levantaba para ir a buscar al hierro fue cuando empezó el festival. ¿Festival? Más bien todo un concierto Pink Floyd y Rolling Stones juntos tocando a dúo alguna pieza contundente.

¿Alguien ha sentido alguna vez el granizo llevando casco? ¿No? ¿Sí? Bueno, puedo corroborar que, si hasta ese momento sabía lo que era, aquel día descubrí sus golpeantes efectos en mi propia piel. Todo el mundo sabe que, a más velocidad, más sensación de lluvia hay. Y si es granizo, no te cuento nada. La cuestión es el vehículo que lleves en ese momento, por supuesto. El hierro no era lo mejor para bajar a casa con lo que empezaba a caer. ¡CLECLECLECLEC..CLOCLOC..CLAC..CLACLOC..CLECLEC..! Cientos.. ¡No! ¡Miles de piedras heladas, perfectas, duras y veloces pegando en la excelente fibra de carbono del casco! El acojone fue subiendo poco a poco de intensidad mientras las ruedas pugnaban por deslizarse entre las rocas del camino y la piedra que iba formando una buena capa de un centímetro. Más o menos, os aseguro que no me puse a medir el tema entonces. Ahora entendía cuando mi abuelo entornaba los ojos cuando conducía con lluvia; él lo exageraba un poco, pero en ese momento hubiera deseado tener un poco más de visibilidad, más que nada por el pedazo de roca al que me dirigía y no podía ver.

Otra muesca, lo habéis adivinado. No fue muy fuerte, un par de rasguños y unos cuantos mierda, coño, joder y mecagüenlaputadeoros pero poca cosa más. Entre trueno y trueno, miles de piedras y un panorama blanco y, por qué no, bellísimo, cogí a ‘big’, le enderecé como pude la rueda delantera con ayuda de la culpable del ‘viaje al centro del camino’ y proseguí la marcha. El espectáculo era asombroso y, a la vez, sobrecogedor, no me cansaré de decirlo. Quizás me marcó más esa violencia natural, esa brutalidad pasmosa de los elementos, desencadenando toda esa energía que el fenómeno meteorológico en sí. La oscuridad a las siete de la tarde impacta los sentidos, pero la iluminación producida por docenas de relámpagos y rayos aquí y allá acojona, os lo aseguro; sobretodo por las historias de pastores carbonizados que había oído y no me creía demasiado. Estaba empezando a imaginarme atravesado por un hierro y frito hasta la médula en la cocina de un caníval. Deseché la idea, por estúpida y fuera de lugar, y proseguí otra vez, colina abajo, camino adelante. ¡CLECLECLECLOCLACLACLOCLANCLANC! Ese es mi hierro sí señor, aguantaba bien y eso me animó. Otra cosa no podía hacer, claro.

Finalmente conseguí llegar, como un pato, mojado hasta el culo, calado hasta los huesos, golpeado hasta el alma a mi hogar, dulce hogar. Sólo llegó a abollarse mi corazón, por el susto sufrido, y algún que otro morado en los brazos, piernas y hombros demostró, en días posteriores, mi peligrosa experiencia delante de mis amistades; qué macho, qué fuerte, oh que peligro que pasaste… engordé unos cuantos quilos, qué os he de decir, pero ni aun así conseguí a Rosa… bueno esa también es otra historia.

Moraleja: el granizo es muy bonito dentro del coche o de un buen piso. En moto no es lo más aconsejable. De aquella experiencia deduje que la imprudencia podría haberme jugado una mala pasada. No fue así, todo salió bien, un par de magulladuras y poca cosa más, pero podría haber sido mucho peor, vosotros lo sabéis.

Pero qué os he de decir… ¿Verdad?

Rs.

Cuando alguna vez me han preguntado (ilusos) de dónde viene mi afición por la meteorología en general y las nubes en particular, pienso que me están presionando para que diga cuándo descubrí mi Fe y abracé alguna religión, mira si es complicado el tema. La cuestión radica, creo yo, en el despiste; soy muy despistado, lo admito, y más de cien veces me he quedado absorto mirando el cielo, paseando mis sentidos por la superficie de un buen cumulonimbus, o haciendo surf imaginario por un mar de cirrus spissatus. Lástima que la imaginación no llegue a más, podría escribir un buen libro con mis locuras celestes.

Pero para establecer un principio, si es que lo hay, deberíamos remontarnos a la tierna edad de 12 ó 13 años (ahora no lo recuerdo muy bien), cuando volaba con la bicicleta y tenía las rodillas peladas y los codos morados a causa de esporádicas bajadas por escaleras y descensos mortales por pendientes imposibles (tipo Carles Checa pero versión: ‘Rudiselahavueltoapegar…’). Recuerdo muy bien la inmensa, descomunal hostia, batacazo, las palabras se me quedan cortas, pobre de mí. Cuando me levanté del suelo no sabía si estaba en Vallirana o me había caído de la cama por una pesadilla a destiempo, tal fue la pérdida de noción y la conmoción producida por el (otra vez se me quedan cortas las palabras) zambombazo arrastreril por el camino de la granja, en lo alto de la Urbanización Mirador del mismo pueblo antes mencionado.

Todo fue culpa de la convección, ese vocablo amado y querido por todos los aficionados que no tenemos idea de muchos elementos pero que nos fascina su poder de atracción visual, su fuerza, su inmensa mole suspendida como una nave de otro mundo. ‘Mars Attack’ estaba allí, mirándome, flotando, bello, blanco-azulado, profundo y oscuro en la base, magnífico especimen de acusada verticalidad, casi tocando el espacio y rozando los (aun visibles en aquella época) cabellos de mi cabeza. Durante el rato que estuve observando, acariciando esa imagen de belleza indescriptible algo puso un árbol en el camino… maldita la semilla que decidió germinar ahí, un pequeño piñón cabroncete que no tuvo otra cosa que hacer que desarrollar un buen pino con un diámetro en el tronco de unos, digamos, buenos y duros cincuenta centímetros, uno arriba uno abajo, qué más da, para el caso (o sea, la hostia) es lo mismo.

Ni siquiera cuando la rueda delantera de la ‘BH’, roja como la mejor puesta de sol, veloz como la peor tramuntana, golpeó y se dobló contra la robusta conífera dejé de mirar a mi amado señor del cielo; bien, fue una fracción de segundo, aunque el hecho de no girar la cabeza evitó que tuvieran que hacerme una nueva nariz, o algo peor, algo es algo. Volando, presto, libre y feliz pero con un incipiente dolor de cabeza y todos los sentidos entumecidos recordé algo que me habían explicado hacía algún tiempo acerca de la formación de esos monstruos: aire frío y aire caliente, ése es el misterio de su creación.. aire frío… aire caliente…. oscuridad…. a qué coño vendría a mi cabeza ese pensamiento en ese instante, hay que ver…

Cuando llegué a casa estaba lloviendo a mares y mi madre loca de espanto. Pero yo parecía que hubiera salido de una película, dado que mis ojos bailaban como peonzas y el costado derecho de mi cabeza estaba teñida de un sospechoso color grana, nada que ver con mermelada de fresas, por supuesto. Después de todo, no había llegado la sangre al río, sí a mi camiseta pero eso tenía arreglo. Después de la primera cura, más calmado y habiendo echado la ‘meadita’ del miedo, mi cuerpo estaba relajado y pensando en todo lo que había sucedido y llegué a una conclusión: cada vez que mirara al cielo detendría la bicicleta, eso iba a misa. No fue una demostración de inteligencia suprema pero me salvó de más accidentes, de eso estoy seguro.

Quizá otro día os cuente cómo descubrí el granizo. Esa también fue una experiencia religiosa, como algún inepto (perdón, cantante) dijo un día.

Rs.

Aun me acuerdo cuando mi madre me contaba llena de alegría al ver mi cara de estupefacción, cómo fue aquello de la gran nevada de los 60 en Barcelona. ¡Un metro de nieve, hijo mío! ¡Un metro! Como para reírse ahora con la ciudad llena de coches. Si antes eran cuatro gatos ahora es que sería el descojone padre. Me imagino al Hereu saliendo en Tv3 y tranquilizando als ‘barcelonins’ con su pausada y melódica voz. Para filmarlo en sepia y guardarlo en tres discos duros.

La cuestión es que nevar, lo que se dice nevar… pues en los ochenta hizo una, me acuerdo muy bien. Ya más tarde siempre esperé con la nariz pegada al cristal de las ventanas del balcón (de aquí mi afición) y con la nariz fría me iba corriendo a ver ‘el temps’, que en aquellos tiempos lo daba el Picó, gran hombre. Eso sí que era afición y pasión. Quizás por eso ya no está ahí. Bueno, vamos a ser políticamente correctos, venga.

Bueno, pues resulta que un día me viene uno en otro trabajo en el que estaba y me suelta: ‘¡Oye! ¿Has oído lo que han dicho de los glaciares? ¡Nos estamos cargando el mundo!’

Glaciar Perito Moreno en Los Glaciares. Foto tomada por Christof Berger

Glaciar Perito Moreno en Los Glaciares. Foto tomada por Christof Berger

Lo curioso es que él mismo me llevaba un pedazo de camión que gastaba en un día lo que mi coche en un mes, pero algo me alertó. Sí que leía las noticias, veía la televisión (aunque nunca la he visto demasiado, así soy de raro) y observaba que la comunidad científica, junto con el beneplácito del IPCC abogaba por una subida de los mares, de la temperatura y de los intereses. Bueno, eso último pertenece a economía, pero quería redondearlo y queda bien.

Lo malo del caso es que desde los veintipico soy bastante escéptico con muchas cosas y observador por naturaleza y algo no me acababa de cuadrar. Buscando y leyendo, informándome y volviendo a buscar llegué a la conclusión de que sí, sí que ha subido la tª un poco… pero lo que no está tan claro aun es el por qué y el hasta cuándo. Más que nada porque hay un montón de científicos (que se supone que saben más que yo) que dudan de muchas cosas. Y por otro lado, si uno se entera de que el famoso ‘palo de Hockey‘ de Mann fue ‘algo exagerado’ por un lado y, por otro, de que en los modelos matemáticos que vaticinan esas altas temperaturas no se incluye la variable solar (Milutin Milankovich sentó precedentes… muchos sentimos su partida….) … pues como que a uno le surgen dudas. Y no creo que haya que ser un letrado para entenderlo… amén de que no cesan de salir estudios que rezan la posición secundona del CO2 respecto a la tª y no al contrario… mmmmm….! ¿No era al revés?

Bien, la verdad de la verdad sólo es una… no sabemos absolutamente un carajo acerca de lo que va a suceder. Si bien el Sr. Gore sí que acierta en lo de la contaminación y lo de cargarnos el planeta y tal… también es cierto que su discurso mercantilista y populista nos produce a algunos una acidez comparable sólo a cuando vemos a algunos individuos enriquecerse a costa de palabras vanas. Y es que, cuando uno es ingeniero, trabaja de ingeniero. Pero que un político (de una política que todos sabemos) hable con la boca tan llena de algo tan ajeno a él le produce alguna sonrisa. Y alertar de algo ‘no comprobado’ a toda la sociedad con un buen fajo de billetes asomando en cada congreso no lo considero muy digno. Debe ser el Nobel más rico de la historia.

Todo son ciclos y ciclos dentro de ciclos, no lo dudemos. Y el hecho de que en un espacio tan corto de tiempo como pueden ser 50 ó 100 años hayamos visto ‘cambios substanciales’, no nos debería sorprender en lo más mínimo. Es más, si el tan cacareado cambio climático fuera tan cierto, deberíamos plantearnos cómo llamar a todos los cambios sucesivos que ha ido sufriendo nuestro globo desde que la tierra es tierra.

¿Antropogénico? No al 100%, ni mucho menos. Ni siquiera al 50%. El futuro nos depara sorpresas y los que somos aficionados a la meteorología disfrutamos con esos ‘cambios dentro de cambios’ que provocan sorpresas o deforman una situación zonal de décadas. Saborear la meteo le permite a uno ver el bosque y no los árboles tan sólo. Y no lo dudemos: el clima será… o no será, pero los cambios se seguirán dando aun cuando nosotros no estemos sobre la faz de la tierra.

Dentro de diez años espero ver cambios, sí… pero de otro tipo. Esos sí que son más complicados pero también pertenecen a otra categoría.

Salud y meteo.

Rs.

Dichosos y benditos programadores con ideas porque nos han brindado la oportunidad de conocernos un poco mejor. Bienaventurados sean los que han conseguido que pudiéramos hablar con aquél ‘gran amigo’ después de tantos años sin saber una puñetera historia de él. Caigan las alabanzas sobre aquellos que han unido tanta gente en tan poco espacio. Amén.

El otro día vi a mi mujer enchufada en el ordenador… y no estaba trabajando. Lleno de curiosidad me acerqué sigilosamente, quizás esperando descubrir un engaño marital o pillarla observando algún musculoso cuerpo con poca ropa. No, nada de eso. Un ex-compañero de Universidad le había escrito desde el último fenómeno de la red y, llena de ilusión, estaba completando su perfil con una de las mejores fotos que, por regla general, le hago y guardo con cariño en mi archivo personal.

Sí, lo habéis adivinado, me enganchó. Yo también estoy en el ‘Facebook’. Como me respondió uno al invitarlo: ‘¿Tu també, fill meu?’ Sí, yo también, lo siento, mea culpa. Adicto que es uno.

Pero ojo, que en una semana te puedes hacer un montón de amigos… que ya eran amigos, claro, pero que en vez de vernos en una costillada o tomando algo (por culpa de nuestro ‘rol de vida’, stress, trabajo y bla bla bla… ) nos vamos escribiendo chorradas en una página de supuesta privacidad. Aunque nunca está de más advertir que siempre alguien puede enterarse de algo que no te interese: ahí la privacidad se va al carajo. Cada uno con lo suyo y con la suya, como suelo decir.

Es un fenómeno curioso, ameno, simpático y, como muchos de estos fenómenos, perecedero. Dentro de 5 años seguramente aun rularán por la red muchos ‘feisbucs’ anónimos y huérfanos de amigos, colgados con información tan placentera como tu edad, domicilio, fotos, detalles, etc., presas de los ‘hackers’ más traviesos y con una información que a nadie le gustaría saber que está tan a mano. Y no lo parece, ojo, que esto no es ‘anti-publicidad feisbuc’, es la realidad de la red. Pongamos un ejemplo.

Tecleemos en el ‘gluglu’ nuestro nombre o algún nick utilizado por nosotros en algún foro. Si hemos posteado con cierta frecuencia o hemos abierto aquí y allá blogs que luego hemos olvidado nos podemos dar un buen susto. Y eso es público. ¿Cómo prohibimos a nadie utilizar una imagen, una información, dentro de… vamos a ver… ocho años?

Mmmmmm….! Curioso, ¿Eh? Pero esto no es nuevo. La búsqueda indexada del mayor buscador de bits del planeta puede hacer eso y más, pero ya desde hace tiempo. De cada uno depende la decisión de poner la información que desee. Para eso estamos en un país …. libre. O eso nos dicen.

Seguiremos en el ‘Facebook’ por un tiempo. Si me queréis encontrar ya sabéis cómo buscarme si sois asiduos a él. Pero no os garantizo que dentro de ‘x’ años esté por ahí. Como todo en estas cosas, lo que perdura es el fondo, no la forma. La imagen se puede ir cambiando pero uno es como es por dentro por mucho que se esfuerce en adornarlo con guirnaldas de baratijo. Lo que perdura es lo que uno hace, se muda, se va a otro lugar… otra casa. Otro Facebook.

Que lo disfrutéis en familia y con los amigos. Como las consolas de ordenador, vamos.

¿Dónde está mi msn?

Rs.

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