Históricamente, los animales siempre han ido de la mano de otro tipo de animales: los humanos, los llamados ‘cultos’ e ‘inteligentes’. Los han acompañado, han servido de comida, de festejo, de herramienta de trabajo, de fuente de calor (¿Recordáis el cuento de Navidad, el de la vaca y el buey con un Jesús recién nacido bien arropado y calentito?). En los anales de la historia y dentro de una relación tan estrecha con ellos, surgió una fiesta un buen día muy particular. Hay cierta documentación histórica, correspondiente a los últimos días de decandencia del Imperio Romano en los que ya se ven toros en cierto tipo de festejos, ofreciendo violencia gratuita (no nos olvidemos de los gladiadores en la arena). La sangre siempre ha sido objeto de morbo para humanos sin mucha base racional. Parece ser que fue Julio César quien introdujo los toros de Hispania en el Coliseo de Roma. Ovidio describe que se utilizaba una tela roja para llamar la atención del animal para que lo embistiera y, posteriormente, lo mataba utilizando una espada y un escudo. Parece ser que un conocido ‘torero’ fue un tal Karpóforo. La mayoría de estos ‘luchadores’ eran los llamados ‘bestiarrii’, esclavos, ladrones, asesinos, condenados…. que tenían una oportunidad para resarcirse y lograr la ansiada libertad y respeto (otra vez nos viene a la cabeza el típico Gladiador Romano).
En los links al pie de este artículo podéis encontrar ésta y otras informaciones muy didácticas respecto al origen de nuestra ‘querida’ fiesta nacional, en los que veremos que, al contrario de lo que se piensa, el toro no es que sufra, es que adquiere una visión errónea al cabo de los siglos de lo que en realidad fue en un principio. A veces sufrimos de amnesia selectiva, en este y otros temas, y no nos damos cuenta que la realidad siempre fue otra. Hasta que surgió alguien con la palabra ‘tradición’ y un amigo suyo la completó con la otra ‘cultura’. Y así tenemos un binomio llamado ‘tradición cultural’ que, lejos de ser lo que en realidad es, se nos vende como algo que hay que protejer porque sino ‘perdemos nuestros orígenes y parte de nuestra ‘cultura histórica’.
Se suele incurrir en demagogia cada vez que se habla de este tema, diciendo cosas al estilo: -’¿Y tú no comes
carne roja? ¿Y las guerras del África, no se han de erradicar?’- Y un sinfín de comentarios demagogos que intentan (sin demasiado éxito) justificar la fiesta en cuestión. Los defensores de ‘los toros’ argumentan sin cesar que hay cosas más importantes por las que luchar y que ‘hay que dejar en paz a los aficionados a los toros porque sin ellos podemos perder una fiesta intrínseca a nuestros orígenes’.
Esos mismos defensores también suelen hacer un comentario típico y curioso: el toro no sufre. No, no sufre, lo habéis oído bien. Esas imágenes de un toro agonizando, vomitando sangre por el morro, con todo el lomo ensangrentado y brillante, agotado y mareado no corresponden a un toro que sufre: está disfrutando como un enano, el bicho. ¡Le encanta que el torero lo vaya mareando con el capote! ¡Se corre de gusto cada vez que le clavan una banderilla! Y, al final… el orgasmo definitivo cuando, el valiente torero, con su larga espada, le da el estoque
final, clavándole el metal hasta el corazón. No me extraña que ese último momento le guste: a partir de ahí ya descansa en paz. Eso si el torero es diestro, porque si falla la agonía se puede demorar unos eternos minutos más… pero no sufre, recordad esto.
Otro tema curioso es la opacidad de los datos económicos del toreo. No se sabe a ciencia cierta cuánto se gasta el Estado Español en el fomento del toreo y le perpetuidad de ‘la fiesta’, pero en unas investigaciones recientes se estimó en muchos millones de euros la inversión del Gobierno para mantener vivo el toreo y a todos los que viven de él, que son unos cuantos parece ser. Instituciones ‘culturales’, personajes anónimos y no tan anónimos, asociaciones, todos luchan para mantener viva una fiesta imperturbable, parece ser. Este estudio, del cual no he encontrado datos (curioso) salió a la luz hace un par de años y, en una emisora de radio, salieron a la palestra unos datos que, gracias a mi mala memoria no es posible recordar con exactitud, pero entre otras cosas se afirmaba que el déficit generado por las corridas de toros era sufragado con creces por el Estado, manteniendo en secreto los números y evitando por todos los medios que nadie pudiera meter las narices en ese tema. No he vuelto a oír hablar de ese grupo de investigación, si alguien tuviera alguna referencia podría incluir un comentario y yo lo haría público.
Siendo español como soy y sintiéndome catalán como me siento se me revuelve el estómago cada vez que viajo al extranjero y me identifican con esa fiesta. -’¡Ah! ¡Egspania, Togos!’- No, disculpe, toros no: jotas, sardanas, ‘pantomaca’, fabada asturiana, ‘castellers’…. pero no sólo toros, caballero. Tengamos la fiesta en paz. Sentirse o no identificado con esa fiesta es un tema ya, creo, particular de cada uno; pero que en Europa, aun a día de hoy, con toda la obra cultural y social de calidad que se está haciendo nos identifiquen con la imagen de Osborne mirando al horizonte le da ganas a uno de sentirse cualquier cosa… menos lo que dicen que uno es. Y disculpen algunos si les ofendo, pero muchos no nos sentimos identificados con eso, creo que la inmensa mayoría. Y la España profunda (igual que muchas otras cosas) ha de dar paso a una cultura real, sociable y civilizada y respetuosa con todo tipo de formas de vida, sean las que sean. Disfrutar de un animal vivo y ensangrentado comiéndose un bocadillo no me trae a la cabeza la palabra ‘cultura’, lo siento pero es así.
Me quedo con una estupenda frase perteneciente a un artículo abajo citado: ‘En definitiva, como afirmó Manuel Vicent, si el toreo es cultura, el canibalismo es gastronomía’.
Referencias:
http://ecuador.indymedia.org/es/2005/03/8251.shtml
http://www.altarriba.org/corridas-de-toros/la-corrida.htm












