Ya lo decía el Sr. Solbes hace cosa de un año: ‘Se intuye una paulatina desaceleración económica’. Se quedó corto el hombre, ya lo ven. Ante el miedo de decir la palabra fatal, algo tabú por tradición entre la clase política de un país, se pretendía sin mucho acierto tranquilizar a nuestra sociedad ante lo que se vaticinaba como una de las peores recesiones de los últimos tiempos, peor incluso que la que nos afectó en los queridos (y añorados para algunos) 90.
Entre coches de gama alta, pisos de hinchado valor y fines de semana de lujo, muchas familias iban pensando quizás que todo sería muy suave y que ellos no lo notarían, porque el del banco ‘les había dicho..’. Ante esta estúpida postura (fruto de una cierta y evidente ignorancia cultural) nos vienen a la cabeza palabras escritas en nuestro amable blog de Alberto Noguera que ya describían con todo lujo de detalles el cacharrazo inminente.
Y es que, como clase obrera que somos la mayoría, hemos tendido a estirar más el brazo que la manga, por aquello de ‘porque yo lo valgo’, producto de un nefasto anuncio y dirigido a la muchedumbre más ávida de pretensiones y envidias. Resulta que el vecino se ha comprado un Audi y es que el pobre es un ‘matao’. ¿Yo no voy a ser menos? Claro que no. Audi al canto y si puedo que me lo pague la hipoteca, que para eso están los bancos. Ah! Y no paremos de comprar, que comprando mucho demuestra uno lo que vale. El anuncio, ¿Recuerdan?
Así las cosas ya sólo nos faltaba esperar que Trichet (el gran mago del interés compuesto) bajara más los intereses y ya está, que no podemos estar tan altos. Pero el listillo va y lo hace… cuando todo el pescado está vendido y muchos agonizando. Quizás esperaban muchos ilusos ser los primeros en recibir las ayudas de la globalización… ¿Qué se esperaban algunos que era eso de la globalización? No sé, creo que andaban algo equivocados pues no iba con ellos.
Y al fin estamos en crisis. En el Condis puedo observar cómo ya no quedan papeles de cocina ‘del barato’, los estantes de colonias están llenos de buenas marcas y el ‘cap de mort’ o ‘culata’ casi siempre está enterito mientras el lenguado colea de gusto entre el hielo del mostrador y las pescadillitas y demás pececillos ‘mundanos’ corretean entre el perejil y las ostras gallegas. El freno de mano está dando sus frutos y las familias, esas mismas que antes comían en bandeja de plata porque ‘no vamos tan mal’ ahora se miran mucho ese euro que se va en la barra de pan. Pues sí, vacas flacas a la vista y yo con el Audi en el Santander, que me dio un buen interés y me trataron como un rey.
Amigas, amigos, prepárense, llega el circo de las vanidades para ver quien la tiene más larga y hermosa, pero ahora va en serio. Sólo los que han sabido recoger y guardar saldrán bien parados y no por mucho dinero que tengan, sino porque no han querido demostrar nada a nadie por tener o no tener ese artilugio, ese coche o esa casa. Como decía mi abuela ‘hay que saber estar y conocer quien eres’. Hay quien no ha aceptado su condición y ahora lo estará pagando. En todas las crisis hay quien saca tajada, pero esos son los listos. Aquí, señores, que cada palo aguante su vela. Y buena suerte.
Rs.
